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    Cómo poner límites en la infancia: acompañamiento a familias en Zaragoza

  • Reflexiones desde la clínica
  • Cómo poner límites en la infancia: acompañamiento a familias en Zaragoza
  • 23 de abril de 2026 por
    Sandra Villuendas Sanz

    La cuestión de los límites en la infancia genera muchas dudas.

    Cada profesional parece tener su método, su técnica, su sistema de consecuencias.

    Sin embargo, quizá convenga partir de una idea fundamental: poner un límite no es castigar. Pero tampoco es simplemente aplicar una consecuencia.

    Reducir el límite a una lógica de “si haces esto, pasará aquello” puede resultar problemático.

    Cuando la consecuencia no regula

    No siempre un niño está en condiciones de establecer con claridad una relación causal entre su conducta y la consecuencia que se le impone, sin que eso afecte su vivencia de sí mismo.

    Decir: “Si te portas mal, no iremos al cine” puede tener un efecto inesperado. Por un lado, otorga al niño un poder considerable: su comportamiento determina lo que sucede. Por otro, puede vivirse no solo como “hice algo inadecuado”, sino como “soy inadecuado”.

    Y esa diferencia es esencial.

    No siempre un niño puede distinguir entre haber actuado mal y ser malo.

    El límite no es una amenaza

    Cuando el límite se formula como advertencia, puede transformarse en un pulso. El niño puede desafiar la sanción o asumirla como demostración de autonomía.

    En ese punto, el límite deja de organizar la situación y se convierte en confrontación.

    No se trata de establecer cadenas de consecuencias que puedan volverse en contra, sino de introducir un marco claro.

    El encuadre antes que la sanción

    En lugar de decir: “Si gritas, nos vamos”, puede plantearse que el cine no es un espacio donde se grita o se corre. No es un juicio moral ni una amenaza. Es una característica del lugar.

    El límite no define al niño. Define la situación.

    Y no necesita justificarse cada vez.

    La función del adulto

    Con frecuencia, la dificultad no radica en que el niño no tolere el límite, sino en que al adulto le cuesta sostenerlo sin culpa, sin enojo o sin necesidad de explicarse en exceso.

    Poner un límite implica ocupar una posición. No se trata de imponer por la fuerza ni de negociar todo, sino de ofrecer una referencia estable.

    El niño necesita encontrar un marco que no dependa únicamente de su reacción.

    Más que limitar, orientar

    Tal vez la cuestión no sea “cómo limitar”, sino cómo orientar el modo de vincularse del niño con los otros y con el mundo.

    El límite no es una técnica aislada. Forma parte de la construcción del vínculo y de la transmisión de criterios.

    No es una cuestión moral. Es una cuestión de regulación.

    Un espacio para pensar la crianza

    Las dudas en torno a los límites suelen generar inseguridad en madres y padres. No existen fórmulas universales, pero sí la posibilidad de pensar cada situación concreta.

    Como psicóloga en Zaragoza, ofrezco un espacio de acompañamiento en la crianza donde poder reflexionar sobre la función de los límites, la posición del adulto y las dificultades que aparecen en el vínculo cotidiano con los hijos.

    Si estás atravesando dudas en la crianza y necesitas orientación para poner límites de manera firme y respetuosa, puedes encontrar más información sobre el acompañamiento psicológico en Zaragoza aquí.

       
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     © Sandra Villuendas. Psicóloga
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